Apuestan por un insecto para salvar las frutas finas de todo el país

Investigadores e investigadoras del PROIMI integran un equipo interprovincial que busca, con avispas, combatir una plaga importada.

En la Argentina la alarma se disparó por primera vez en 2014: casi simultáneamente, una nueva especie de plaga, la Drosophila suzukii, originaria de Asia, había sido detectada en Río Negro, en cultivos de frambuesa, y en Buenos Aires, atacando los arándanos. En los años siguientes se dispersó prácticamente por todo el país, e hizo estragos en cultivos de alto valor comercial, como frambuesa, zarzamora, frutilla, arándanos y cerezas, y otros de importancia económica, como uva, damasco, durazno, nectarina, ciruelo, pera, manzano, higo, mora… Pero hay buenas noticias: un equipo del que forman parte investigadores del CONICET NOA Sur ha logrado desarrollar técnicas para controlar este insecto que –destaca la bióloga tucumana María Josefina Buonocore Biancheri, especialista en Entomología- tiene características exclusivas que lo hacen una plaga económicamente peligrosa.

El proyecto es interinstitucional e interprovincial: participan la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos (PROIMI), del que forma parte Buonocore Biancheri; de la EEA-INTA Famaillá; de la EEA-INTA Concordia, (Corrientes), y de la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata (UNLP). Y, subsidiado por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (AGENCIA I+D+i), a través del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT), ha logrado un modo ambientalmente amigable de combatir esta plaga: otro insecto.

El “enemigo”

Conocida comúnmente como “mosca del vinagre de alas manchadas” la  Drosophila suzukii ataca especialmente frutas pequeñas y blandas, muchas de ellas ‘de carozo’. “Es originaria de Asia, pero se esparció y causa importantes daños económicos a la producción de frutas finas en las zonas invadidas”, informa la Dra. Buonocore Biancheri y agrega que dos características exclusivas de este insecto lo convierten en una plaga económicamente peligrosa. “Por un lado, su preferencia por la fruta sana y madura; por otro el poderoso, esclerosado y aserrado ovipositor de la hembra, capaz de penetrar la epidermis del fruto”, describe.

El ciclo es así, detalla: “gracias a ese ovopositor la hembra pone los huevos dentro del fruto; allí eclosionan y la larva se alimenta de la pulpa”. Cuando ha crecido lo suficiente, la larva se deja caer al suelo y se entierra: allí se transforma en pupa. “Ya adultos, los insectos buscan alimento y protección en la vegetación... y se aparean. Entonces las hembras vuelven a los frutos para depositar sus huevos… y todo empieza de nuevo”, agrega.

El tema es que por la acción de las larvas las frutas rápidamente se ablandan y se pudren. “Y además con frecuencia las heridas que causó la hembra al poner los huevos dan acceso a más organismos que se alimentan de la fruta: otros insectos, hongos, bacterias patógenas”, añade la experta.

¿Cómo enfrentarse a esa enemiga sin provocar daños en el ambiente? Hay técnicas –resalta-, y se agrupan bajo el nombre de control biológico de plagas. “Se usan enemigos naturales que regulan la población del insecto dañino atacándolo y causándole la muerte. Es una herramienta que puede usarse con otros métodos no contaminantes, en una estrategia de manejo integrado de la plaga”, explica. En este caso, el proyecto propone usar unas avispas parasitoides (ver recuadro).

El proceso

Se empieza con la cría y el estudio de la plaga en el laboratorio para poder saber exactamente cuándo liberar las avispas. Se usan unas jaulas cubiertas por telas, detrás de las cuales hay una película de silicona. Con su ovipositor las moscas atraviesan la tela (como si fuera la epidermis de un fruto) y los huevos quedan retenidos en la silicona. Luego se colectan los huevos con una esponja y se colocan en una bandeja; allí los espera una mezcla de sustancias semejantes a las presentes en la fruta (entre ellas, azúcar) que servirán de alimento a las larvas. Y estas son las claves de la estrategia: “las avispas ponen sus huevos en las larva o en las pupas de la mosca y se alimentan de ellas”, explica Buonocore Biancheri.

En este punto, el proceso da un giro. “Las larvas o pupas de mosca que serán usadas para criar las avispas son colocadas en unos bastidores con una tela voile, y se colocan en las jaulas de las avispas. Y serán estas las que usen la tela como la epidermis de un fruto: pondrán sus huevos a través de ella, dentro de las larvas de las moscas”, explica. Y ese proceso es clave: “la avispa recién nacida (en forma de larva) dentro del estado inmaduro de la mosca se alimentará de ella, provocándole la muerte”, relata… y estará cumpliendo su rol de controladora de plagas.

“Al cabo de aproximadamente 20 días las nuevas avispas parasitoides saldrán del interior de las pupas de las moscas, ya en su estadio adulto, y serán liberadas en los campos del cultivo del árbol frutal de interés. Una vez ahí las hembras de estas avispitas pondrán sus huevos dentro de los estados inmaduros de la mosca de la fruta (recordemos que las larvas se encuentran dentro de los frutos). De este modo disminuirán las larvas de la mosca de la fruta, y con ello, los daños provocados en los cultivos.

Estado de la cuestión

“Debemos dar el paso de transformar nuestra agricultura tradicional en una agricultura sostenible. El control biológico es una alternativa sostenible, y es un ejemplo de investigación científica en el campo de la Biología que tiene aplicación práctica en la vida del ser humano”, destaca Buonocore Biancheri.

Y cuenta orgullosa que actualmente, la División Control Biológico de Plagas del PROIMI trabaja, en condiciones ambientales controladas, con colonias experimentales de distintas especies de avispas. Se trabajó en la evaluación de su capacidad como agentes bio-controladores de la mosca, y los resultados son muy promisorios. “Se avanza también en estudios en áreas silvestres y cultivadas de la provincia de Tucumán para evaluar los niveles de ataque de la avispa”, agrega. Y si todo sigue como hasta ahora, estas avispas serán heroínas: permitirán salvar las frutas del país.

¿Qué son los parasitoides?

Los parasitoides  son insectos, y de estos, los himenópteros (abejas, avispas y hormigas), entre otros órdenes que  se desarrollan alimentándose del cuerpo de su hospedador. Pero son de vida libre cuando son adultos; a diferencia de los parásitos, generalmente matan al hospedador para completar su ciclo vital.

Fuente: CCT NOA Sur

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